Sitio personal de Laura Calvo

Mayo de 2013

San Carlos de Bariloche - Río Negro - Argentina
lauradecalvo@gmail.com

 
POEMA DE LAURA CALVO

En la Feria Internacional del Libro del corriente año, se presentó Poesía Río Negro, Antología Consultada y Comentada, Volumen 1, editada por el FER (Fondo Editorial Rionegrino) compilada por el escritor Raúl Artola, con un estudio preliminar de la profesora Mónica Larrañaga e ilustraciones de Yoko Nakamura. Participan en este primer volumen veintitrés poetas rionegrinos nacidos hasta 1965. El segundo, que incluirá a los más jóvenes, se encuentra en proceso de preparación. El trabajo sobre cada uno de los poetas antologados implicó una valoración conceptual por parte de los alumnos avanzados de la carrera de Letras de la Universidad Nacional del Comahue, profesores y escritores de la región y otros lugares del país y el exterior

"Libri", extenso poema inédito con el que Laura Calvo participa en esta Antología, fue comentado por Gabriela Campos cuyo artículo crítico también publicamos a continuación del poema.

LIBRI

           

Si no sabes qué es la escritura, pensarás que es cosa fácil;

permíteme entonces que te diga, si es que quieres saberlo,

que es por el contrario un trabajo muy esforzado: nubla la

vista, obliga a mantener la espalda curvada, comprime el

vientre y aplasta las costillas, castiga los riñones y, en fin,

después de un rato, uno siente todo el cuerpo dolorido [-]

Como marino que toca puerto, el escriba se regocija de

haber alcanzado la última línea. De gratias semper.

Colofón de Silos Beatus

(siglo XII)

 

La enorme multiplicación de libros, de todas las ramas

del conocimiento, es uno de los mayores males de nuestra época

Edgar Allan Poe

 


Yo he conocido libros antiguos como el mundo

asistiendo por turno al nacimiento y a la muerte

libros de poca suerte

-vinchas de pluma contra cascos de hierro-

libros de los que suman

de los que toman prisioneros

filosos como pedreros

en las aristas de las tumbas

libros que sobrevuelan

las montañas más altas

los pueblos más aplastados

empobrecidos y apretujados

libros que dan batalla

a la fuerza de gravedad

abiertos y recorridos

empezando por el final

libros que no dan más

que se enferman y aumentan de peso

útiles para olvidar

la luz opaca de los cuartos

el globo en el cielo raso

la razón del espejo

libros que te condenan

con los pulgares hacia abajo

de rezo, de cabecera

de portafolio

de bolsillo

monótonos como grillos

lustrosos como barniz

como una mano de pintura

tapando las rajaduras

de los tablones del altillo

libros atados con alambre

rojos de remordimiento

acurrucados como huérfanos

en un cómodo profesorado

libros desencajados

pálidos, con ojeras

ociosos en la tarea

que el papel les exige

listos para matar

el poco tiempo disponible

para escapar a la estupidez

a la tristeza, a la vejez

libros que te enfrían los pies

el mentón, las orejas

que se acuestan temprano

y duermen hasta tarde

sobre almohadas mullidas

bajo sauces, palmeras

en la cola del banco

en las salas de espera

de estaciones, dentistas

peluqueros, modistas

terapeutas, parteras

quirománticos, brujas

libros que te palmean

como buenos amigos

que te salvan la vida

y te estructuran las moléculas

que te seducen, te desvisten

hasta violarte por completo

que adelantan parejo

y huyen embistiendo

libros como maridos

de aspecto razonable

repletos de suciedades

en dirección al ordeñadero

libros consuelo de la carne

llenos de luz y de optimismo

inocentes como corderos

sólidos como armaduras

practicando su oficio

con ritmo de serrucho

atentos a los gemidos

del viento y de la lluvia

al agua

en la canaleta

la llave

en la cerradura

libros que se aseguran

la belleza de un golpe

de sílabas copuladas

 inflexiones agudas

que opinan como doctores

sobre todos los temas

pero no saben diferenciar

una vaca de un ternero

libros que ordenan:

lee y obedece

gustosos de los remedos

de los epígrafes

de las citas

libros que sucumben al éxito

la prisión, la demencia

el halago, el olvido

libros heroicos no publicados

que sólo después de sentir que han sufrido

pueden hablar de sufrimiento

los dientes clavados

a su propia garganta

foliados, cosidos como un evangelio

maldiciendo escondidos

tras un traje barato

libros que aplastan a sus propias gallinas

y se meten al baño a escribir groserías

y se quedan sin aire

arremangados hasta las rodillas

que tan sólo por rutas

tenebrosas y oscuras

obtienen aquello

a lo que creen tener derecho

libros que se vanaglorian

de sus propios deshechos

sus cortinas cerradas

sus cuartos con candado

que no han aceptado

el término medio

y exaltan lo trágico

como una excepción

libros a punto de recibirse de compendios

con el pelo, la barba y

las uñas crecidas

cuyo único placer es repetir y repetirse

que miran a otro tiempo

porque el de su creación

ha caído vencido

por su propio argumento

libros con complejo de atril:

el lomo encorvado

las yugulares tensas

un milagro de harapos

de hilos enredados

 creyendo lo que les cuentan

-sí, sí, sí-

todo lo que les cuentan

libros echados boca abajo

de márgenes irracionales

abiertos sólo a medias

con las puntas dobladas

libros que desempolvan

los huesos de la calavera

el reloj, la mesita

el sofá, la repisa

que tienen miedo de ser vistos

en un sitio cualquiera

parados como prostitutas

en el kiosco de revistas

libros como mujeres

ansiosas de conseguir marido

exaltando virtudes

hasta verse viciosas

libros cuya lista de ocupaciones

es muy larga

que alaban lo que pasó

 suspiran por lo que venga

libros que aparentan

pobreza siendo ricos

riqueza

siendo pobres

que guardan, guardan, guardan

y no gastan un cobre

que viven a pan y agua

y crecen en línea recta

libros que no se adaptan

a la violencia de la verdad

al juego osado del contraste

amantes de la monocromía

libros como sinfonías

de cuerdas y ataduras

donde hay algo que se escurre

se inclina hasta derrumbarse

porque no ocurre nada

absolutamente nada

hundidos en las maletas

de vendedores ambulantes

libros silbados por la crítica

sobrepasados por las aguas

de la marea del desorden

libros fachada fin de siglo

empequeñecidos por la altura

del mirador de la pirámide

parásitos de la semilla

que los sustenta y agudiza

de los residuos escondidos

entre las pajas del granero

que ahora

-sólo ahora-

confirman la certeza

de que la mano hace una cosa

y la cabeza

otra distinta

libros que juegan a la escondida

al sapo, a la gallina ciega

y te vendan los ojos

y te levantan la pollera

y se suben a los árboles

y arrojan una piedra

y ya son jefes

todos los siguen

que discuten los precios

parados sobre sus piernas

francotiradores

exhibicionistas

que absorben la vida ajena

y se la cuentan a medio mundo:

asistentes, laboratoristas

product manager generators

auditores, contadores

químicos farmacéuticos

asesores, contratistas

expertos en prevención de riesgos

cajeros, reponedores

encargados de logística

magister, analistas

supervisores de telemarketing

conductores de reparto

diseñadores

paisajistas

libros con poco diálogo

cuyas palabras a la vista

son "tiempo" -por ejemplo-

o "ganancia"

de cuya pasta fangosa y rancia

surge un sustrato que no hiede

detritus purificado

fermentación del hambre

libros de construcción ligera

cuyo proceso dura sólo un verano

y luego son entregados

a la inclemencia del invierno

libros que vomitan la cena

porque en su lista de deseos

figuran muy arriba:

ser delgado-ser bello-ser atractivo-ser amado

libros que dictan

sentencia con el ombligo

comiendo a los hombres vivos

(que es peor que comérselos muertos)

expertos cuya inocencia

negocia con el disimulo

corroborando lo de Propercio:

todo no es apto para todos

que habilitan el crimen

como causa posible

robando sencillamente la palabra secreta

libros que se deslizan en la esfera del sueño

y despiertan con la angustia

de la pesadilla olvidada

intentando escuchar lo que afuera sucede

mientras oyen los ecos de su arrítmica apnea

que meten de contrabando un viento, unos violines

un cello, un pentagrama

porque no importan las palabras

-¿no importan las palabras?-, no

porque son las de siempre

libros desengañados

sobrevivientes de los pogroms

cuyo odio es tan largo como el amor que los sostiene

libros que rechinan los dientes

y se ponen las gafas

peinados raya al medio

al abrigo de la contratapa

sonrientes como rata

que escapó de la trampa

cuya razón es una y simple

desigual y fortuita

libros que se precipitan

que van a la deriva

asombrados de estar todavía con vida

cuyo tono inicial es decididamente alto

con páginas numeradas definitivamente llenas

que intentan en balde resolver los problemas

con las mismas ideas

que los ocasionaron

embriagados de máximas

sufriendo bajo ellas

haciendo del esquema

un perpetuo rectángulo

calculable

constante

pautado

y uniforme

que viven conformes

a su transpiración

exigiendo al lector por favor los atienda

que van, van, van, van

hurgando, ritmeando

ese juego secreto 

para luego perderse

en erráticas sendas

que buscan sin cesar, sin éxito otro tema

un tema que devore

todas las horas del trayecto

intentando encontrar

ese claustro en silencio

donde nada se escuche

ni siquiera

su propia

voz

     

 

Laura Calvo ©
Todos los derechos reservados
 

Una temporada en la biblioteca, por Gabriela Campos

"Libri",  extenso poema inédito de Laura Calvo, es una suerte de itinerario, un recorrido crítico y agudo por la biblioteca a secas: la biblioteca.

Con un lenguaje directo, sin vueltas, en donde se mezclan apaciblemente las imágenes más cotidianas ("el reloj, la mesita°) con la presenáa de ecos lejanos y ancestrales, una inquieta mirada va recorriendo la biblioteca durante un transcurso que se sostiene a lo largo de los más de trescientos versos que componen el poema.

"Yo he conocido libros antiguos como el rnundo", de esta manera empienza el primer verso de "Libri", y va a seguirle una enorme y minuciosa lista que describe libros y más libros, desde los "de rezo" hasta los "de bolsillo", desde los que "te seducen, te desvisten" hasta los que "huyen embistiendo", desde los que sufren "remordimiento" hasta los que "te palmean como buenos amigos", desde el nacimiento hasta la muerte.

La voz poética, que se pronuncia "yo" sin titubear, instaura un lugar desde el cual observa y relata las lecturas y, al hacerlo, asume la palabra crífica acerca de la literatura.

Con una punzante cadencia que va arrastrando el verso, la mirada que lee cae de una línea a otra, y a la que sigue y a la otra, como en una cascada. Hasta la disposición gráfica de los versos puede recordar la forma del reloj de arena, el continuo y rítmico deslizarse de los diminutos cristales.

Éxodo, cascada, itinerario, como en un laberinto se recorren los libros, se habla de ellos, se abren y se cierran. Pero aquí el libro deja de ser un animai sumiso, un objeto inanimado, clausurado, sólo capaz de dormir verticalmente en el estante de una biblioteca. El libro no es objeto sino sujeto, y toma posición desde el título. Le crece el pelo, la barba, las uñas y transpira. Aquí el libro es puro sujeto, hace y deshace, propone y quita, mata y muere, otorga la vida o la niega. El libro se mete en los rincones del mundo, entre las grietas del alma, pero también entre los pliegues del cuerpo, el libro puede "violarte por cornpleto", y tiene la capacidad de trasponer las fronteras entre el sueño y la vigilia, confundiéndolas. El libro es mundo también, es puerta a otra dimensión, a otros mundos, pero además es cristal por medio del cuai mirar la realidad y mirarse.

Sin embargo, el libro no es todopoderoso, no está completo, hay algo que lo entorpece y hasta lo hace más "humano". Esconde un secreto: su "único placer es repetir y repetirse". Este es el estigma, la tragedia: "buscan sin cesar, sin éxito otro terna". Sobrevuela, entonces, una amenaza de esterilidad en las palabras, que "son las de siernpre". La agudeza de la mirada crítica va calando sin descanso hasta llegar al hueso, traspasa la piel -esas palabras de siempre- y persigue el corazón, la médula, para encontrar, tal vez, un vacío, un sitio vedado para el libro, lo que no puede alcanzar y que no obstante busca infructuosamente: "intentando encontrar ese claustro en silencíol donde nada se escuche/ ni siquieral su propia voz".

Es el silencio poético (que tanto hace recordar también a la poesía de Alejandra Pizamik), el silencio inalcanzable capaz de decir lo que las palabras no pueden. Aquí se instala una profunda reflexión sobre el lenguaje poético, literario.

Con un ritmo inquisidor, la pregunta acecha el verso y va surgiendo en primer plano. Por momentos no hay concesiones, y esa suerte de devaneo que armonizaba las primeras ideas, va quedando supeditada al rotundo sonido que produce el martillo de un juez al dar su veredicto. Todo tiene ahora el sabor de la sentencia.

Ahora es el libro quien está desnudo frente al mundo, y hasta parece oírse, a lo lejos, una risa socarrona que, aunque también desde el desgarro que produce la angustia ante el vacío, se burla buscando la venganza.

Sin embargo, más que proponer respuestas, se lanza el interrogante como una saeta, la inquietud descamada queda resonando como un péndulo que horada profundamente y deja al lector mordiendo las últimas palabras, en endeble equilibrio, al borde del abismo.

 

Laura Calvo
lauradecalvo@gmail.com


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Mayo de 2011