Presentación de la última novela de Laura Calvo

La patria de Laurita”, por la escritora y poeta Cristina Flores

Salón Araucanía 13/04/2013


Para comenzar, como lo hace la autora en el prólogo, es bueno dejar dos cosas en claro con respecto a esta novela. La primera es que fue construida como una serie de relatos encadenados, pensados en un principio para niños y fue cobrando, como novela, una dimensión inesperada que no se inscribe, precisamente, en la literatura infantil.

Su protagonista es una niña y, a su alrededor, puede percibirse lo que sucede como un verdadero entramado de diferentes tiempos y espacios a través de la narración.

Lo segundo, que vale la pena aclarar, es que “La Patria de Laurita” fue escrita al poco tiempo de haberse jubilado Laura de su tarea docente.

Una tarea docente muy especial, porque Laura dirigió un taller de escritura creativa para los alumnos del Colegio Woodville durante casi 20 años.

Una tarea, creo, extraordinaria, porque ese taller tuvo márgenes libres para el trabajo de los alumnos, bajo su autoridad y responsabilidad.

En aquellos tiempos de docencia, muchas veces Laura me comentó su asombro ante la capacidad de expresión, verdaderamente espontánea y maravillosa de los chicos. Y también se refirió a su propio rigor tratando de preservar esa maravilla, sacándolos de lugares fáciles y repeticiones.

Durante esos años, que fueron muchos, Laura se impregnó en esas aguas nuevas, en esa belleza viva y propia de la expresión en los niños.

Al dejar su tarea docente, quizá sin darse cuenta, maduró en ella ese reconocimiento de lo que es un niño frente al mundo. Los había visto con el ojo de la maestra y necesitó entonces volverse sobre sí, volver hacia aquella niña que fue, aquella que también estuvo bajo el ojo y la dirección de los adultos.

Para un escritor, esta necesidad de volver sobre sí mismo, significa una necesidad de llamarse. Llamarse llamando a las palabras para que vengan a decirnos más de nosotros mismos.

Y aquí tenemos a “La patria de Laurita”, un producto de Trabajo y de Inspiración. Porque cuando Laura encaró este Trabajo, también la Palabra vino a ella.

El libro narra la historia de una niña en forma lineal, partiendo de la relación de su madre con ella cuando era beba, siguiendo por su infancia y llegando hasta la terminación de la Escuela Primaria. Comenzar a leer el primer capítulo llamado “La esclava”, fue asombrarme por su lenguaje encantador. Encantador como encantador es el trato y el suave tacto de la madre con su pequeña beba.

Digo “lenguaje encantador” no como si fuese ingenuo, no como rosa, sino como lenguaje tocando delicadamente su primer Tema: La Mujer, lo Femenino.

Aquí vemos a una Mujer que trasvasa su propia vida amamantando a su hija, no sólo como a su criatura sino como a su obra pues esa criatura se ofrece al ojo de la madre como un divino cuaderno en blanco.

Sí, aquí vemos a la Mujer como entregada “Esclava del Amor”.

Pero lo más bello de la escritura de este libro es que caemos literalmente dentro del pellejo de esa niña. Niña que va creciendo lentamente. Y desde esa niña volvemos a andar por los alrededores propios de la primera infancia.

Y esto se disfruta, como me ha confesado la narradora que disfrutó al escribirlo desde su propia niña.

Vemos a Laurita salir al patio, vemos a su perro: alegre compañero, maravilloso en su cercanía. Y tantas veces la veremos sola.Sola, mirando o escuchando a los adultos que parecieran saber de qué se trata. Esos adultos que no comparten con los niños. No es tema de conversación lo que pase dentro de cada uno. Lo que sí importa es aprender a comportarse. Importa el afuera, importa cómo se lo ve a uno. Para Laurita, nuestra protagonista, está claro. Lo que no se dice, no existe.

Aunque eso que no se diga llegue a convertirse en una bomba de tiempo en la garganta. Aunque eso que no se dice se haya vuelto en realidad nuestra protección frente al otro. Nuestra mudez, nuestro callar de niño será siempre por Miedo a salirse del Modelo que supuestamente debiéramos encarnar.

Estoy hablando ahora del gran Tema de esta novela: la humana Necesidad de la Comunicación.

¿Pero es posible tal Comunicación entre el Niño y el Adulto?

Laurita, nuestra protagonista, se debate entre la posibilidad del decir y la del del callar. Es muy claro en todo el libro este conflicto entre los opuestos, entre las polaridades. Hombre-mujer, mundo interno-mundo externo, decir-callarse, bueno-malo, adaptarse-rebelarse. Oscilaciones frente a las cuales se encuentra el Niño, aunque él aún no sepa que la problemática no es sólo suya.

Conté que Laurita tuvo un perro, un compañero inolvidable que perderá pronto.

Pero nadie verá la devastación de su pérdida en ese corazón niño porque no existieron palabras que pudieran nombrarla. En realidad, al mismo tiempo que Laurita pierde su perro, su mamá pierde al hermanito que estaba esperando.

Y poco sabrán una de la otra de sus respectivas angustias.

Nuevamente la Soledad, descripta objetivamente.

En realidad estoy contándoles lo que me ha producido este libro, “La Patria de Laurita”, y estoy refiriéndome tan sólo a sus comienzos.

Escribí esto con genuino entusiasmo para invitarlos a que lo lean.

No voy a contarles cómo es “La Patria de Laurita”, es cosa de quien lo lea embarcarse en ese Viaje del Niño, de la Niña, según quien lo lea.

Sí puedo contar que la historia se va abriendo desde un centro que es la Casa, la casa como Territorio Femenino, desde donde sale y a donde vuelve el Padre, cuyo Territorio es el Afuera de la Casa.

Y la historia es la pequeña vida de Laurita abriéndose en esa casa y abriéndose en sus libros de cuentos, que alguien algún día le leyera.

Una vida ensanchándose luego hacia el barrio, hacia el pueblo.

Una vida ingresando a la escuela, saliendo al mundo, con su primera maestra, aquella querida y respetada como una madre.

Y los otros niños, los nuevos compañeros, lamentablemente tan diferentes a los chicos de los cuentos. Niños reales, con diversas dificultades.

Y la historia seguirá porque es larga la infancia y habrá muchas maestras.

La querida y respetada, la insoportable y aburrida, la castradora, y también la maravillosa maestra que marcará el camino. La que encontrará nuevas formas de hacer comprender cómo son las cosas, la que abrirá las puertas del Sentido.

No existe cosa más alta que la Comprensión en relación al Vivir.

Un hombre debiera saberlo, pero un niño sabe reconocerlo cuando se le ofrece la comprensión de algo.

La Patria de Laurita” lleva en la tapa la fotografía de un delantal blanco y tableado de niña. Un delantal anónimo, sin ningún rostro individual. Es el característico delantal de la escuela estatal. Esa escuela donde nos hemos educado la mayoría de los argentinos. Esa escuela tan semejante a sí misma, más allá del lugar donde esté.

Así, la escuela de Laurita, siendo la de un pueblo de campo de la provincia de Bs. As., no es diferente a otras escuelas estatales.

Con sólo ver este delantal, toda esa vivencia se nos hace presente. Es en la escuela donde hemos escuchado tanto la palabra “patria”. Y la autora está ampliando el concepto, partiendo de un texto de Horacio Quiroga, al relacionarlo con los concretos amores y la libertad, poniéndolo al alcance de la vida.

Todo uniforme escolar, sea el estatal o el privado, nos lleva a esos mundos donde transcurre la infancia. Más allá de bien y mal, hemos amado y padecido esos mundos y nos hemos ajustado al rebaño.

No veo un afán crítico en el libro de Laura Calvo, en el sentido de algo admonitorio. Veo una mirada aguda, un afán objetivo, una valoración muy alta del niño y de su posible relación con el adulto. Y desde tal posición viene su lenguaje.

Un lenguaje agudo, claro, inteligente, a veces cruel, a veces profundamente conmovedor.

La Patria de Laurita” tiene un aire confesional; hay transparencia en la motivación que guía su escritura. Pero a esta cualidad esencial se le agrega un gran trabajo en relación a la estructura narrativa. Aquí no queda más que reconocer el oficio y el tesón de Laura detrás de su propósito.

No sólo hay un hogar y una escuela como espacio de la narración, sino la presencia de otras instituciones, tanto sociales como religiosas que dan un marco ajustado a esta realidad de pueblo de campo.

Y no sólo una realidad espacial que podemos visualizar como si estuviésemos sentados en la Plaza principal del pueblo; también conocemos su real ubicación en el tiempo, a través de específicas alusiones políticas y religiosas.

Sé que dejo mucho por decir. Es un libro rico en sus vertientes y en sus ángulos. Hay muchos lugares por donde entrar. Pero he querido transmitir lo esencial en él.

No es casual para mí hablar hoy de los niños.

Desde niña me prometí no crecer, no crecer en el sentido de no llegar a ser un adulto, con ese concepto que tienen de los niños.

Un niño ya es un ser humano en su presente.

No le falta inteligencia, ni oídos, ni ojos, ni corazón para percibir el entorno.

Es más, es muchísimo más claro y atento que un adulto. Por eso tiene la posibilidad de crecer. Y mira hacia los adultos porque ellos saben defenderse en la vida y eso es lo que los niños no saben. Tampoco saben todo lo que el adulto ha olvidado. Un adulto y un niño tienen mucho que aprender uno del otro. La belleza del libro de Laura Calvo es que su Laurita está viva aquí y ahora y nos permite volver a viajar como niños con ella.

Para terminar, quisiera leer los acápites que preceden al libro.

El primero es de Rilke, y dice: “La verdadera patria del hombre es la infancia”.

Y el segundo, de Alberto Caeiro, dice:

No hay nada más que una ventana cerrada, y todo el mundo afuera;

y un sueño de lo que podría verse si se abriera la ventana,

que no es nunca lo que se ve cuando de veras se la abre”


 


Página realizada por Alejandro C. Calvo

Mayo de 2013